LOS CIRCOS QUE SE QUEDABAN “A VIVIR”…
Cada tanto llegaba a Luiggi un circo de “medio pelo”: no podíamos pretender más, pero bastaba. El movimiento normal y rutinario se sentía sacudido pro la irrupción de esas ocho o diez familias (más no eran) y palpitábamos los aprontes. El armado de la carpa, los carromatos y a veces hasta un pequeño “zoológico”, en uno de los tanto baldíos de cuarto de manzana que por entonces tenía el pueblo. Recuerdo especialmente uno grande sobre Avenida España y otro más pequeño haciendo cruz con la actual sede del Club Luiggi. No eran circos impactantes y poderosos como los de ahora que van a las grandes ciudades y se quedan sólo un fin de semana o a lo sumo, dos. Estos permanecían uno o dos meses porque además de los números circenses tenían teatro, que renovaban diariamente y era seguido con total adhesión por mucho público. Y ya por entonces –vaya similitud- se usaba el trabajador “multiuso” porque por allí aparecía el trapecista vestido de gaucho o la “vedette” con unas arrugas pintadas interpretando una viejita mala. En casos recurría a aficionados locales para completar un elenco, y así aparecían sobre las tablas algún compueblano disfrazado de milico y provocando de entrada lo que ellos buscaban, es decir la hilaridad general. Mis recuerdos respiran salud, he aquí algunos de los títulos de las obras “en tres actos” y cuyas carteleras poblaban las esquinas escritas por el letrista del circo en grandes caracteres de tiza: Vairoletto, El forastero que llegó una tarde, No hay suegra como la mía, Mate Cosido, Ya tiene comisario el pueblo, El conventillo de la paloma y Lo que le pasó a Reynoso, entre otras, claro, donde los argumentos provocaban risas contagiosas y auténticas y en otras hacía llorar a la platea. No se necesitaba ser demasiado sensible, pero en tiempos que sólo la radio y el cine ofrecían este tipo de variantes, ellos sabían donde apretar “el torniquete emocional” y la cosa empezaba con “pucheros” disimulados y se desataba sin vergüenza ninguna en un desplegar de pañuelos. Los circos: historias distintas que legaban para casi “quedarse a vivir”. Como para que la señora de enfrente llamara urgente a la vecina para decirle: ¡Mirá… se casaron nomás el que hacía de mago con la trapecista jovencita… Fijate que ya tienen un bebé…! Arturo Alberto Cestino.
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